miércoles, 9 de abril de 2014
Los sin sexo
El documental
empieza con cifras alarmantes sobre la abstinencia sexual actual en Japón y
como esto a largo plazo amenaza con disminuir la población actual. El término
de personas “sin sexo” surgió precisamente por esta problemática, y es tan
impresionante, que incluso las personas que tienen sexo una vez al año o una
vez cada dos años no se consideran a sí mismas como “sin sexo”. Hoy en día
entonces el contacto humano se está perdiendo con cada vez más fuerza, y surgen
entonces especialistas en terapia de pareja y sexo, para ayudar a las personas
a entender y sobrellevar esta problemática. La excusa de estar cansado, por el
exceso de trabajo, se convierte en la salida ideal para evitar los encuentros
sexuales entre pareja. Es inconcebible pensar, que ya hay culturas en las que
hacer el amor se ha convertido en una tarea, en un sacrificio.
La falta de
sexo entonces se puede dar por muchas situaciones expuestas en el documental:
el exceso de trabajo y por consecuencia la falta de tiempo, la falta de
interés, la falta de gusto incluso. También hay muchas personas, sobre todo
mujeres, que dejan de tener sexo por decisión propia. Incluso teniendo en
cuenta el deseo de procrearse y tener una familia, las personas en Japón muchas
veces optan por incubación invitro, antes que hacer el amor.
Es sin
embargo muy irónico, que el mercado sexual en vez de disminuir, este creciendo
exponencialmente. La industria sexual en Japón es predominante, y se plantea
entonces la pregunta de cómo es posible este fenómeno, habiendo tanta
abstinencia, sobre todo entre las parejas estables. La generación actual de hombres
japoneses, encuentran más practicidad y efectividad en el porno y las charlas
telefónicas sexuales. El hombre encuentra deseo en lo efímero, lo fácil, lo
directo del sexo y su industria. Les gusta aislarse de la realidad, estar
solos, tranquilos, y como fin, conseguir el placer físico sexual momentáneo que
por naturaleza pide el cuerpo. Existen incluso dispositivos especializados para
la masturbación del hombre. Para las mujeres, no es muy diferente. Existen
también miles de dispositivos especializados para el placer sexual, y el
reemplazo de una relación íntima y personal. Se explica que al hombre le da
pereza tener que conquistar a la mujer, tener que hacer un esfuerzo para tener
un encuentro sexual o amoroso. Se busca el placer efímero e inmediato. No hay
conquista, no hay misterio, no hay construcción, ni mucho menos amor. Se
plantea entonces una aterradora pregunta: ¿El éxtasis tecnológico supone el fin
de la pareja? Una respuesta afirmativa no sería tan descabellada, si tenemos en
cuenta todos los hechos. La comunicación personal ha desaparecido y el amor
esta pasado de moda. Es una realidad muy triste, sobre todo para las personas
para las que aun es importante este concepto. Se he perdido la conexión de la
pareja, la intimidad y la construcción de lazos emocionales estables y sólidos.
Aunque es
una realidad actual en Japón, que siempre ha sido una sociedad cultural casi
que opuesta a la nuestra, no se puede evitar pensar que esto es lo que nos
podría pasar en occidente dentro de unos años. Es interesante e importante
plantearnos nuevamente la pregunta de hasta donde llegaremos con los avances
tecnológicos. ¿Estamos ganando y avanzando con la tecnología, o más bien
estamos perdiendo? Por mi parte creo, que si se ha ganado, ha sido poco. Es
mucho lo que se ha perdido y lo que seguirá perdiendo de seguir así. Me alegra
haber nacido en el límite de no haber conocido la tecnología como se hace
ahora, para al menos tener un recuerdo infantil y nostálgico del contacto
humano original, que puede que se convierta en una historia fantástica y
absurda para futuras generaciones.
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